Cuando
las mujeres Wayuu realizan sus tejidos, están expresando sus creencias,
tradiciones pensamientos, vivencias y su cultura. Su labor es considerada como
símbolo de su sabiduría y su inteligencia. Las representaciones en los tejidos
reflejan la vida cotidiana de la tribu, sus creencias y los elementos de su
naturaleza. En particular el tejido Wale’keru tiene colores bastante llamativos
y fuertes, que son el reflejo de una cultura expresiva y bastante alegre. La
técnica que emplean las mujeres Wayuu son conservadas, transmitidas y enseñadas
de generación en generación.
Entre
los diferentes objetos que se elaboran con la técnica particular se encuentran
las hamacas, los chinchorros y las conocidas mochilas, estos contienen en sus
diseños diferentes grafismos y figuras geométricas cuyo significado está relacionado
con elementos de la naturaleza como son plantas, animales, estrellas, lunas y
el sol, los colores vivos y brillantes son muy propios de esta cultura. Giraldo
(2013).
Según
la tradición los dioses fueron los que a través de una enviada, enseñaron a los
Wayuu el arte del tejido, esta enviada fue la hermana menor de las tejedoras
primarias, que buscaban tejer con los colores de la belleza de los mismos
dioses primigenios. De acuerdo con los relatos Walekerü es la hija de la
oscuridad y la soledad, es considerada la hermana de las primeras tejedoras
MAAWÜI, ATIA, KANASPI y SE’SE, estas fueron las primeras en tejer los paisajes
en diferentes colores, entre estos se encuentran los mantos que en invierno caen
en las llanuras, las enredaderas que se observan sobre los árboles, las
neblinas que cubren las costas azules en
los montes, las blancuras en las nubes que se ven en la lontananza y la armonía
que se aprecia en los crepúsculos vespertinos. Marín (2014).
Para
lograr obtener los colores, los Wayuu recurrieron a vegetales propios de la
región, de esta forma el negro lo obtenían del fruto de la “alutachuna” y del
“taparo”, lo que hacían era que fruto se
dejaba en agua hasta que esta se coloreara de negro para posteriormente introducir los hilos en este. Aragon (2008).
Para lograr producir el amarillo se empleaba el árbol llamado “po’Lopona”, este
después de ser descortezado se hervía en agua de donde se obtenía un líquido
amarillo en el cual se mojaban los hilos, este color también se obtenía de
frutas como la “jitnita” y la “yirita”, las cuales al hervir dejaban un líquido
espeso que se empleaba para teñir. Para
obtener el rojo o el marrón se cocinaba la corteza de una árbol que se
llamaba Sópurai, al igual que el “kustena”, el cual al machacarlo y hervirlo permitía
obtener el colorante.